En la iconografía cristiana, la imagen de Jesús como el Buen Pastor es uno de los motivos más simbólicos y recurrentes desde el inicio del arte paleocristiano. A diferencia de las representaciones posteriores que muestran a un Cristo más maduro, barbado y hierático, el arte temprano adopta la tipología del Crióforo (el portador del cordero), una figura de origen clásico greco-romano que representaba la filantropía y al guía.
En la temporada de excavaciones de 2025, en Iznik, Turquía, proyecto arqueológico que se desarrolla con permiso del Ministerio de Cultura y Turismo y bajo la dirección del Museo de Iznik, se ha encontrado la que puede ser la representación de la primera imagen de Jesús como Buen Pastor en una tumba del siglo III d. C.
Esto ha ocurrido en la Necrópolis de Hisardere, ubicada en el distrito de Iznik, la ciudad que históricamente conocemos como Nicea. Se entiende, por este y otros hallazgos, que esa necrópolis fue utilizada conjuntamente por familias adineradas de Iznik y por los estratos más bajos de la población entre los siglos II y V. d. C. Este mosaico social se refleja en la diversidad de tumbas.

El fresco —que muestra a un Jesús joven, sin barba y con vestimenta de estilo romano, y con un cordero sobre sus hombros— fue encontrado en una cámara funeraria del siglo III d. C. En este periodo, el cristianismo aún operaba en la clandestinidad dentro del Imperio romano, enfrentando persecuciones intermitentes que sólo terminarían con el Edicto de Milán en el año 313 d. C. y la convocatoria del Concilio de Nicea en el 325 d. C.
La necrópolis de Hisardere, por lo tanto, conserva los restos de una comunidad que profesaba su fe con discreción, dejando símbolos de esperanza en sus lugares de descanso final. Los detalles técnicos del hallazgo revelan que la tumba era un hipogeo con una klinē (lecho funerario) adosada al muro norte, en una combinación de tradiciones funerarias locales y romanas.
Es en el muro de esta cámara, justo detrás del lecho, donde se encontró el fresco. La composición de la escena, simétrica y cuidadosa, no sólo es una obra de arte, sino también una declaración teológica.
El hallazgo representa un puente tangible entre la fe vivencial de las primeras comunidades y la alta teología que se formuló décadas después. La tumba y su arte no sólo son piezas de museo, sino una fuente viva de inspiración para el ecumenismo actual, que busca la unidad a partir de la fe compartida en Jesucristo, el Pastor que da la vida por sus ovejas.
El significado del Buen Pastor en el arte paleocristiano
La imagen del Buen Pastor es, sin lugar a dudas, uno de los motivos más simbólicos y recurrentes del arte paleocristiano. Los primeros cristianos adoptaron esta imagen romana y le infundieron un significado bíblico, basándose en el Evangelio de Juan (10, 11-18), “Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas”, y en la parábola de la oveja perdida (Lucas 15, 4-7).
Esta representación iconográfica simbolizaba la protección, la guía y, lo más importante en un contexto funerario, la promesa de la salvación y la vida eterna. El Buen Pastor es el protector que sale a buscar a la “oveja descarriada” (el pecador) y la devuelve al redil, ofreciendo consuelo a los creyentes en la hora de la muerte.
Su popularidad en las catacumbas y sarcófagos de los siglos II al IV se debe precisamente a este mensaje de esperanza y a la naturaleza alegórica que permitía a los cristianos expresar su fe sin recurrir a imágenes directas de la crucifixión, que eran culturalmente inapropiadas en el arte de la época. El hallazgo en Iznik subraya que esta iconografía esencial ya estaba arraigada en Anatolia en una fecha muy temprana.
Implicaciones para el estudio de la historia de la Iglesia
El descubrimiento del fresco de Jesús como Buen Pastor en la necrópolis de Hisardere, confirma, en primer lugar, la existencia de una comunidad cristiana sólida y organizada en Nicea ya en el siglo III, antes de que el emperador Constantino eligiera Nicea como sede del primer concilio ecuménico. En segundo lugar, dado que ésta es la primera evidencia artística de este tipo en Anatolia, ofrece pistas sobre la difusión y la adaptación de los modelos iconográficos romanos en Oriente.
Rubén Aguilar