Karl Barth, la teología de la crisis

En el siglo XX, uno de los teólogos que más influyeron en la renovación de la teología cristiana, la de las iglesias de la Reforma y la Iglesia católica, es el calvinista Karl Barth (1886 – 1968). Hijo mayor de Fritz Barth, un profesor de teología, y Anna Katharina Sartorius. Entre sus antepasados se encuentran varios teólogos, como su bisabuelo Johannes Burckhardt y el reformador Heinrich Bullinger. En 1889, la familia se trasladó a Berna porque su padre ocupó un puesto de profesor en la Universidad y en 1895 asumió la cátedra como titular. 

Barth en la escuela, donde recibió una formación humanista, se interesó en la historia. En 1900 funda una asociación de estudiantes, y en 1902 se une a una fraternidad estudiantil donde aprende a hablar en público. En la preparación para su confirmación conoce la Prueba de Dios de Tomás de Aquino y la doctrina de la inspiración verbal. En 1902, decide estudiar teología para profundizar en lo que había aprendido. A partir de 1904, estudia en la Universidad de Berna; en la Universidad de Berlín; en la Universidad de Tubinga y en la Universidad de Marburgo.  

En 1909 se hace pastor calvinsta y atiende la iglesia de Safenwil, Suiza, de 1911 a 1921. Participa en un movimiento de apoyo a los obreros. En 1913 se casó con Nelly Hoffmann (1893-1976), violinista que dejó la música para atender su hogar. Tienen cinco hijos. Barth junto con teólogos afines, como Rudolf Bultmann, crea la teología de la crisis o teología dialéctica, que en ese entonces rompe con la teología convencional protestante, e influye en la teología de las otras iglesias cristianas. Su concepción teológica recalca la soberanía de Dios, principalmente a través de su innovadora “doctrina de la elección”. En 1916 comienza a trabajar en su obra Comentario a la Carta a los romanos de San Pablo, que fue una sacudida para la adormecida teología cristiana de su tiempo. 

Enseña teología en Gotinga (1921-1925), Münster (1925-1930) y Bonn (1930-1935). Abandona Alemania porque se niega a prestar juramento al régimen de Adolfo Hitler. Regresa a Suiza, para ser profesor en la Universidad de Basilea hasta su retiro en 1962, aunque siguió enseñando hasta su muerte. Durante su estancia en Gotinga conoce a Charlotte von Kirschbaum, quien sería su asistente, y tiene un importante papel en la redacción de la más importante de sus obras, la  Dogmática eclesial (1927-1967).

Se trata de catorce tomos con más de diez mil páginas. Su tesis principal es «Dios es Dios, pero es Dios para el mundo»; «El mundo es mundo, pero amado por Dios y Dios se encuentra con el mundo en su Palabra, Jesucristo». Para ello, se inspira en los santos padres de manera particular en san Anselmo de Canterbury (1033-1109). De Barth, el papa Pío XII dijo que era el mejor teólogo cristiano después de Tomás de Aquino. Y de hecho, en la edición del 20 de abril de 1962, la revista Time le dedicó su portada que incluía su frase: “La meta de la vida humana no es la muerte, sino la resurrección”.  

En 1968, la Academia Alemana de la Lengua y la Poesía, le otorga el premio Sigmund Freud por ser “el fundador de una teología que conducía a una renovación de la conciencia cristiana», y que “la potencia y el alcance de su interpretación de la Escritura se corresponden con el brillo y el poder de su lengua”. 

En 1976 -1979, cuando estudié teología, en el teologado de la Provincia de la Compañía de Jesús en México, la ideas de Barth, en el marco de la renovación de la teología, provocada por el Concilio Vaticano II y las Conferencia del Episcopado Latinoamericano (Celam), de Medellín en 1968 y de Puebla, en 1979, fueron fundamentales en mi formación. 

Rubén Aguilar Valenzuela

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Publicado en: Panta Rei

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