
La exclusión de las mujeres del sacerdocio, a lo largo de los 2000 años de historia de la Iglesia católica, es una de sus decisiones más aberrantes y no tiene ninguna justificación desde el ámbito de la fe. Nunca debió haber existido, pero en pleno siglo XXI esta norma disciplinar resulta todavía más inexplicable.
La iglesia, que debería ser ejemplo de inclusión, actúa en sentido contrario; discrimina y excluye. La cultura de los derechos humanos, que cada día gana más terreno en todo el mundo, no sólo rechaza sino denuncia a las personas e instituciones que actúan de esa manera. La Iglesia, con su comportamiento, trata en condición de inferioridad a la mitad o más de sus miembros.
El gran teólogo belga de la Orden de Predicadores (OP), E. Schillebeeckx (1914-2009) dijo en 1994:
La exclusión de las mujeres del ministerio es una cuestión puramente cultural que ahora no tiene sentido. ¿Por qué las mujeres no pueden presidir la eucaristía? ¿Por qué no pueden recibir la ordenación? No hay argumentos para oponerse al sacerdocio de las mujeres… En este sentido, estoy contento de la decisión de la Iglesia anglicana de conferir el sacerdocio también a las mujeres, y, en mi opinión, se trata de una gran apertura para el ecumenismo, más que de un obstáculo, porque muchos católicos van en la misma dirección.
El 4 de diciembre de 2025, una comisión presidida por el cardenal Giuseppe Petrochi, publicó las conclusiones de un estudio que niega la posibilidad de la incorporación de diaconisas en la jerarquía sacramental. El diaconado es un paso previo a la ordenación sacerdotal.
Se argumenta que el estado actual de la investigación bíblica, histórica y teológica no justifica abrir esa vía. No obstante, la comisión subraya que su juicio no puede considerarse definitivo, y deja la puerta abierta a que siga la discusión.
Es, sin duda, un tema relevante para la Iglesia en el mundo de hoy y el debate no puede cerrarse. En la primitiva comunidad de los cristianos y a lo largo de los siglos en la Iglesia se ha utilizado el término diaconisa, aunque ciertamente no con un significado único y coherente.
El futuro del diálogo, que la Iglesia no puede dejar de lado, depende de una comprensión más clara de los derechos humanos, que dice defender, y por tanto de los derechos humanos de las mujeres y de su participación en la Iglesia en igualdad de condiciones que los hombres.
Como católico lamento la decisión de la comisión que cierra el espacio a la existencia de las diaconisas y en otro momento del acceso de las mujeres al sacerdocio y espero que el papa León XIV, pronto decida la constitución de otra comisión que siga discutiendo el tema.
En la Iglesia católica, como ya ocurre en la Iglesia anglicana y la Iglesia luterana, las mujeres deben de ser ordenadas como diaconisas y como sacerdotisas. No debe haber distinción entre hombre y mujeres, para ejercer el ministerio.
Rubén Aguilar Valenzuela
uff Schillebeeckx… mala fuente, amigo. Era masón y operador de los protestantes (y probablemente de la KGB) dentro del Vaticano, sus propuestas no tiene peso teológico.
Acepto que el celibato y el sacerdocio masculino obedecen más a tradiciones que a declaraciones expresas de Jesucristo, pero esas tradiciones también son válidas ¡vienen de los apóstoles que convivieron directamente con él!
Y la Iglesia le ha dado otros papeles relevantes a las mujeres: María, Magdalena, Gertrudis de Hefta, Teresa de Ávila, Teresa de Lisieux, Edith Stein… no me parece poco reconocimiento a la Mujer